La mañana amaneció fría, pero con esa luz limpia para anunciar que el día va a ser especial. A las 8 de la mañana, con puntualidad y muchas ganas nuestro grupo de 46 personas, puso rumbo a Agolada, un lugar donde la naturaleza y la tradición caminan de la mano.
Después de tomar el consabido desayuno, que nos dio fuerzas para comenzar la jornada con energía y buen ánimo, realizamos una interesante visita a la iglesia de A Ventosa. De la mano de nuestro guía, José Ángel, y de su inseparable compañero, Chus, pudimos conocer detalles de su historia, de su arquitectura y de esas pequeñas curiosidades que hacen que miremos el patrimonio con otros ojos.
Finalizada la visita, iniciamos la ruta A Ventosa – Bidueiros, con la ilusión de cada salida y con la mochila cargada de ganas de caminar y compartir. Muy pronto comprobamos que las lluvias de los últimos días habían dejado su huella en el camino, encontrándonos con sendas totalmente encharcadas que, lejos de desanimarnos, pusieron a prueba nuestro equilibrio, nuestro sentido del humor y, en más de una ocasión, la resistencia de nuestro calzado.
Entre charcos, barro y algún que otro rodeo improvisado, el grupo avanzó unido, ayudándose en los tramos más complicados y celebrando cada zona firme como una pequeña conquista. El paisaje, húmedo y brillante, nos acompañó durante todo el recorrido: la vegetación en todo su esplendor, el sonido del agua y ese inconfundible olor a tierra mojada… que por momentos se mezclaba con el no menos inconfundible aroma a abono y purines, recordándonos que caminábamos en una tierra viva y de intensa actividad agrícola. Hubo risas, comentarios jocosos y alguna que otra aceleración espontánea del paso al atravesar esas “zonas aromáticas”, y algunas veces “muy, muy aromáticas”.
Estas pequeñas anécdotas son las que dan carácter a la ruta y las que después se recuerdan con más humor que incomodidad.
La jornada concluyó con una excelente comida en el Restaurante La Andorrana, donde las 46 socias y socios participantes pudimos reponer fuerzas alrededor de la mesa, comentar los mejores momentos del día y disfrutar del magnífico ambiente de compañerismo que siempre nos acompaña.
Y como broche final, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que todas las personas que han logrado superar estas dos últimas rutas en las condiciones vividas —barro, charcos, cuestas, ríos y “zonas aromáticas” incluidas— están más que preparadas para solicitar su ingreso en la prestigiosa compañía de boinas verdes del Ejército Español.
Una nueva ruta para el recuerdo… y para seguir haciendo camino juntos.
¡Nos vemos el próximo mes!
Marisa Mauriz Barreiro
Presidenta ADAYEUS
